Las cosas del destino, o tal vez mis artículos en una revista cultural juvenil para la que colaboro, llevaron a unos estudiantes de Comunicaciones de una Universidad local, a buscarme para participar y producir con ellos, un cortometraje, el premio es meramente significativo, pero la experiencia, totalmente nueva para mi.
En mis dos años de diseño integral, tuve la fortuna de cursar un año de fotografía, pero esto de hacer arte en video, no lo había intentado más que con familiares y maniacadas como las que suelo ver y tratar de captar (como vacas cruzando el Libramiento carretero de Tepic), y desde un principio, aunque sabía que mi tiempo, es limitado (no sé como se dió pero de repente siempre tengo pendientes), no pude resistir aprender, y por supuesto, ver qué tanto se me podía dar, ya saben, la necesidad de conocer y experimentar y saber qué tanta aptitud tengo para ello.
El sábado pasado, tuve una experiencia que para mi, era fuera de lo común, estando en el súper, con un vestido porque estaba soleado el día, totalmente absorta en cómo necesitaba un tapete para baño nuevo e indecisa sobre colores, pude sentir como un señor, en sus cuarentas y aparentemente sin necesidad económica, estaba agachado como observando productos que estaban en los estantes más bajos de los pasillos del súper. Mi mariado me estaba buscando, y cuando volteé a verlo, lo ví con una mirada endemoniada viendo hacia abajo, hacia el tipo que estaba presuntamente viendo mercancía atrás de mi, y solo escuché qué le dijo:
-¿Qué estabas haciendo hijo de la chingada? ¡¿estábas tomándole fotos méndigo cerdo?!
Yo entonces comprendí que no había necesidad de estar tanto maldito tiempo indeciso por un producto agachado, y ví que el sujeto traía su celular en la mano... entonces caí en cuenta, de lo que estaba pasando: el zoquete ese me había estado tomando fotos por debajo del vestido mientras yo estaba totalmente en la boba con los condenados tapetes para baño.
No sabía si reir, o llorar, o gritar (la verdad no pensé en eso... en ese momento), cuando regresé a la realidad: mi viejo iba endemoniado siguiendo al sujeto, enfrentándolo, diciéndole que le diera el celular, a lo que yo volteo y nada más veo que el tipo iba viendo su móvil, al parecer borrando las móndrigas fotos, yo los alcanzo, el tipo solo decía:
-¡Yo no hice nada!
En ese momento solo dije:
-Pues mira no nos compliquemos, aquí está lleno de cámaras, el que nada debe nada teme, vamos a checarlo con Seguridad.
Vi al tipo blanco, amarillo y luego hace la finta como que nos va a seguir, y huye para perderse en la tienda.
Yo impotente, solo se me ocurrió gritar:
-¡CULOOOOOO! (si, así como lo leen de fino... un hombre enfrenta las consecuencias, y claro está, ante la mirada atónita de los demás clientes que solo me vieron como una maniaquita)
Enseguida fuimos con los de Seguridad, lo encontraron, y solo le pidieron que se retirara de la tienda, que lo iban a monitorear. Mi viejo aún más enojado, se la pasó lamentándose de no haberlo golpeado, yo como litigante que soy, solo le dije:
-No amor, la verdad es que a cómo está todo, lo más seguro es que hubiese llegado la policía, que como en todos lados, es apestosa y descaradamente corrupta (por experiencia lo digo) que te hubiesen llevado a ti también por lesiones en riña. Les valdría madre si el tipo captó mis pompas de 29 por debajo del vestido, es más, después hasta le hubieran pedido verlas al canijo.
El incidente nos zumbó en la cabeza todo nuestro sábado, no podíamos comprender ¿qué lleva a un sujeto a llevar a cabo ese tipo de conductas? ¿qué tan común es? ¿qué tan peligroso es? ¿qué haría este sujeto en un lugar apartado del público? ¿este será el principio, conductas aparentemente inofensivas, y luego intentará otras cosas?
Esa llamada hoy que nos decía el tema del cortometraje que teníamos que desarrollar en 24 horas, me hizo comprender lo que no sé por qué no había pensado: VOUYERISMO, parafilia, aquellos que obtienen excitación sexual con ver a hurtadillas, claro está, versión 2009. A la hora de la llamada tenía a estos jóvenes talentosos en mi despacho con una lluvia de ideas, todos entusiastas, nerviosos, por el tema tan delicado, y pues claro está, empezamos por lo cliché (o lo que yo creía que era eso jeje, digo, ver y producir películas jamás será lo mismo), y desde ahí seguimos por rechazar todo lo que nos pareciera trillado, le tratamos de dar la vuelta, quitamos y pusimos personajes, decidimos que no queríamos diálogos, y fué cuando comprendí, que definitivamente, mi experiencia con el ruco vouyerista este sábado, la tenía que canalizar positivamente, hacer algo con ella y con esta manera advertir mediante un corto, a las jóvenes, que nomás tengan cuidado con este tipo de personas, es sencillo, como se dice coloquialmente -PÓNGANSE TRUCHAS NIÑAS-, ya andan maniaquitos (y no como yo ¡eh!) por ahí en el súper, no vayan a ver luego sus atributos en la red.
Me divertí elaborando el Storyboard, más con tantas escenas cachondonas, polémica claro está causará, pero a esa ya estoy acostumbrada, solo basta expresarme o respirar y que alguien se lo tome indebidamente personal. Ahorita están terminando las últimas escenas, durarán toda la noche editando, y yo mañana me les uniré, para ver el resultado. Si no ganamos, pues no hay problema, la verdad, yo valoro la experiencia, no un premio, el premio se gasta, la experiencia y el conocimiento es de por vida. Además, no pude dejar de notar, que curiosamente encajara esa desagradable momento en el súper, con un tema que presuntamente fue elegido al azar (una de las jóvenes, estaba segura de que su ex-novio, que conoce a los organizadores, se lo había dado a propósito). Solo espero, que de menos, funcione. OJO, MUCHO OJO, que no soy la única maniaca suelta.
miércoles, 21 de octubre de 2009
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